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Krav Magá: la herencia de las artes marciales tradicionales en el mundo moderno

¿Por qué escribir sobre la práctica de un arte marcial tradicional en un blog escolar sobre la salud?
Para poder responder esa pregunta primero debo retomar un poco la historia sobre las artes marciales, tal cuál la he escuchado de voz de uno de sus más controversiales y dedicados, si no el que más, practicantes: Yaron Lichtenstein.

El 18 de Marzo de 2016 dio una conferencia en la ciudad de Querétaro el Grand Master del Krav Magá, Yaron Lichtenstein. Dicha conferencia fue organizada por varios de sus alumnos, entre ellos yo, y tuvo lugar en el Centro Educativo y Cultural del estado, Manuel Gómez Morín; ahí, Yaron habló un poco sobre la historia de las artes marciales; lo escrito aquí es un recuento de lo dicho por él.

Antiguamente, la palara “arte marcial” no existía; su equivalente, en Japón, era el término “arma humana”, y hacía referencia a las prácticas que tenían como objetivo cambiar el cuerpo para que fuera un arma. Es en este mismo país en donde nacen las artes marciales tradicionales: el Judo, de Jigoro Kano, el Karate Shotokan, de Fanakushi, y el Aikido, de Ueshiba.
Éstos tres maestros originalmente llegaron a las artes marciales de manos del Jiujitsu Japonés, el cual era el arte marcial más completo de su época. Todos ellos sufrían de muchas dolencias para el tiempo en que comenzaron a entrenar, y la razón por la cual se iniciaron en el Jiujitsu era por que en el antiguo Japón, un maestro de Jiujitsu era también considerado médico.

Con el tiempo, los tres superaron las dolencias que les limitaban y eventualmente abrieron sus propias escuelas de artes marciales. Jigoro Kano revolucionó especialmente la cultura japonesa, sobre todo en lo que a Artes Marciales respecta: estableció el uso del Kimono blanco para el entrenamiento y decidió instaurar la filosofía Zen dentro de su enseñanza.
El Zen, tal cual lo describe Yaron, es el uso del subconsciente; a través del subconsciente se puede ver lo que con el consciente no.

Ahora es que me permito contestar la primera pregunta.

En los tiempos actuales, las prácticas originales (o tradicionales) se han visto reducidas a versiones más fáciles de vender: las enseñanzas del Yoga ahora se venden como MindFullness, dejando a un lado todo lo que sea muy difícil para el alumno; las prácticas deportivas se enfocan en los resultados externos (un cuerpo “bello”, patrocinado por los estándares de belleza de la cultura consumista occidental) en vez de buscar desarrrollar un cuerpo sano y fuerte; y por supuesto, las artes marciales.

Las enseñanzas tradicionales de las artes marciales, que incluían una formación balanceada tanto física como intelectual, hoy en día se venden con el mismo propósito que la cultura del fitness: te ofrecen la posibilidad de un cuerpo más atlético a través de movimientos de “pelea”, algunos exóticos y otros más clásicos.

Esto no quiere decir que ellos sean los malos y nosotros los buenos, sólo busco hablar de congruencia.

El Krav Magá es el único arte marcial enfocado en la defensa personal: hacemos lo necesario para proteger nuestra vida en cualquier situación que se pueda presentar, entrenando nuestro cuerpo,  y nuestra mente,  como nadie más lo hace. Aprendemos a patear, a golpear, a rodar y a caer; aprendemos a penetrar al enemigo y a neutralizarlo de un sólo golpe; aprendemos a ser mejores.

¿Y qué benefinicios tiene para sus practicantes? Por si a caso el ser capaz de defender tu vida no fuera suficiente, el entrenamiento nos permite desarrollar nuestra fuerza, velocidad, destreza, coordinación y resistencia, pero ante todo nos permite desarrollar la confianza en nosotros mismos. Y en el mundo de ahí afuera, pocas cosas son tan importantes como la confianza en uno.

Como decía un genio hace algún tiempo ya: hacemos lo que podemos y lo hacemos bien. Muy muy bien.